Etiqueta: Literatura

EL GOURMET

EL GOURMET

Vemos los bancos vacíos a la luz de la luna que entra por los ventanales. Se oye la respiración –al principio de forma apenas audible, luego con mayor nitidez– de dos hombres cansados. Sus formas emergen de las sombras y se acercan despacio hacia la cámara por un pasillo lateral. Visten capa y sombrero. Cargan algo pesado entre los dos.

Carne de ballena

Carne de ballena

La ballena apareció llegada de ninguna parte. Simplemente una mañana estaba allí, negra, gigantesca, flotando en el puerto, en las mismas aguas oscuras donde la noche antes solo brillaban las manchas tornasoladas del gasóleo. Más y más atascada con cada reflujo de la marea, su cuerpo inmenso rozándose con un […]

Polo el acordeonista

Polo el acordeonista

Creo que nunca he escrito sobre Polo, el acordeonista de San Frichosu, una de esas personas que, de haber venido con algún propósito a este mundo, vino con el de traer algo de alegría a esta vida para unos y para otros tantas veces atragantada. Hijo de gaitero, que seguramente sería hijo de gaitero a su vez, cambió en la década de los 40 la gaita de su padre por el acordeón, que eso también se vio en Irlanda, y aún en las romerías de mi niñez, que eran muchas, se le veía tocar en un rincón, risueño y sarcástico, un pasodoble.

BUSCADORES DE NUECES

BUSCADORES DE NUECES

Traducción de José Manuel Baptista Cuando Church subió la calle después de la cena, traía consigo uno de los costales de avena de su padre, lo suficientemente grande para llevar un barril repleto de nueces. Yo tenía un costal de harina de veinte kilos, y lo esperaba en la esquina. […]

In this Wednesday, Oct. 28, 1981 photo, Mavis Gallant is shown in Montreal. Gallant, the Montreal-born writer who carved out an international reputation as a master short-story author while living in Paris for much of her life, has died at age 91, her publisher says. (AP Photo/The Canadian Press, Ian Barrett)

NO PUEDE ENSEÑARSE A ESCRIBIR (PARTE III)

En primer lugar, no existía la planificación familiar. El riesgo era siempre altísimo. Para nosotras, los condones eran cosa de prostitutas y marineros. O de soldados. Y por eso existía un miedo atroz. El miedo al embarazo era muy real. El aborto quedaba descartado, era algo que ni se planteaba. Y te expulsaban de la sociedad, de la sociedad que conocías. Vivíamos instaladas en el miedo.